Es tan ridículo que cuando estamos solos y me refiero en todos los sentidos, tanto sí de compañía se trata, emocional, o esos días estás dónde y con quién sea, esa soledad que sientes es fría y vacía, muy compleja para la mente y confusa para las emociones y sentimientos que crecen en ti, pero habita una tranquilidad extraña y safistactoria que te hace adicto a ella, y cuando digo extraña me refiero a que todo tiene un límite y ese límite es dejar de sentir, o de hacerlo de sin euforia, emociones suaves y brevemente pasajeras y la tranquilidad es perpetua.
En el caso de una compañía y no me refiero a todas, es todo lo contrario, obviamente; haciéndonos más explosivos, sentimientos y emociones fuertes, agradables y exquisitas, pero cómo quién diría “no todo es color de rosas”, es ahí, cuando somos más frágiles, más fáciles de herir, con un simple chasquido te arrebatan lo más importante, tu tranquilidad emocional y mental.
¿Has pensado si esa compañía vale tu tranquilidad?